FRANCISCO LLORENS DÍAZ



Francisco Llorens Díaz nace en La Coruña en 1874. Fue el menor de los tres hijos de un industrial de origen catalán y una gallega. Inició los estudios de comercio, que abandonó para matricularse en la Escuela de Artes y Oficios, donde tuvo como profesor a Román Navarro, militar y pintor que permutó al padre de Picasso la cátedra de Barcelona por la de la urbe herculina, a donde deseaba volver y por la que abandonó altos destinos en el Palacio de Oriente, cerca de la Familia Real.

Para no defraudar a su padre, Paco, como se le conoció siempre, concluyó los estudios de Comercio y se trasladó a Madrid en 1892 para seguir los de arte en la Escuela de San Fernando, donde tuvo como profesor a Carlos de Haes, lo que probablemente orientó su verdadera dedicación como pintor. Entregado por completo al arte, Lloréns acude también al estudio de Sorolla, donde aprende a amar la luz sobre todas las cosas y a soltar la pincelada en la libertad de que siempre hizo alarde el maestro valenciano.

Concluida la carrera, comienza a acudir a las Explosiones Nacionales de Bellas Artes, desde 1895, aunque todavía con cuadros que no son paisaje puro. Entre cerca de un millar de expositores, obtuvo mención honorífica.

Realiza sus primeros encargos para el Casino de A Coruña en 1897. Regresa a su ciudad natal y se dedica al retrato, encargo por entonces frecuente en los ámbitos de la burguesía a que pertenecía su familia. En 1903 el artista consigue, tras reñidas y repetidas oposiciones que causaron escándalo, pensión para Roma.

Va adquiriendo notabilidad, puesto que en 1903 le hace una cabeza al escultor Alsina. Lloréns pinta, lee y escribe sus impresiones italianas, que publican los diarios de Galicia, y que recorre con Manuel Benedito y otros artistas pensionados. Uno de sus cuadros italianos, «El golfo de Nápoles», impresiona vivamente al rey Víctor Manuel y lo adquiere el embajador de España en Roma para que decore el palacio del Quirinal.

Visita los Países Bajos, que tanto influyeron en su paisano Sotomayor. Sigue concurriendo a las nacionales de Bellas Artes, y en la de 1907 consigue tercera medalla, por un paisaje, cuadro con el que repite galardón en la Exposición de Barcelona del mismo año. El cuadro titulado «La Encina», fue adquirido por un médico de la Casa Real, la viuda del cual lo donó al artista y éste al Ayuntamiento de A Coruña. Sigue cultivando el retrato. En 1902, posa para él la condesa Emilia Pardo Bazán.

En 1908 gana segunda medalla en la Nacional de Bellas Artes. Su versatilidad le lleva incluso a cultivar el cartel. Participa en importantes colectivas en Galicia, Madrid y Buenos Aires.

En los años de la guerra europea, Lloréns gana cátedra de Comercio con destino en Madrid. Es elegido presidente de la sección de Pintura del Círculo de Bellas Artes. Nuevas exposiciones y presencia constante en las nacionales de Bellas Artes, hasta que en la de 1922 consigue la ansiada primera medalla. Este título se añade a otros conseguidos en la Internacional de Barcelona, 1907, Internacional de Buenos Aires, 1910, y la Universal de Panamá, 1916. Fue también Gran Cruz de la Corona de Bélgica y socio de honor en el Salón de Otoño, así como miembro de número de la Real Academia de San Fernando, desde 1943.

Su obra se extiende por el mundo. Paisajista consolidado, definidor del clima especial de Galicia y en concreto de las rías gallegas y sus marismas.

Los años de la guerra civil son difíciles para el artista, que transcurren entre Madrid y Valencia. Concluida la contienda vuelve a la actividad. Es designado socio de honor de la Real Academia Gallega. Su último gran éxito es alcanzar la cátedra de paisaje en la Escuela de San Fernando.

Su salud degenera. Padece pérdidas de memoria. Fallece el 11 de febrero de 1948. En 1972 se celebra en Madrid una gran exposición retrospectiva de Lloréns, que se repetiría más recientemente en A Coruña y Vigo.

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